todo ranking no es sino un almacén de síntomas, lo mismo que los covers, accesorios y repuestos para la construcción del fan que cada uno de nosotros lleva dentro. rafael cippolini

miércoles 14 de enero de 2009

fan

FAN: UN ARTISTA ELIGE SU OBRA FAVORITA

La escuela argentina

Por Leonel Pinola

Hubo un miércoles del invierno del año pasado en que llegué más temprano de lo habitual. Diana estaba trasladando de un cuarto a otro una de las obras en la que estaba trabajando. Uno de los primeros pizarrones de la serie se encontraba aún en la sala más amplia. Recuerdo que me quedé varios minutos con la mochila y el abrigo puestos mirándolo.

En el bastidor, pintado con pintura para pizarrones verde, estaba escrito con tiza gran parte de la lista de colores con la que trabajábamos en el taller: celeste cielo, habano, lacre, maíz, café, rosa viejo, verde musgo, chocolate, ciruela, durazno, verde loro, negro ratón, natural, cremita, amarillo limón, verde botella, azul petróleo, gris perla, piel, amarillo huevo, salmón, rosa chicle, camel, mostaza, ladrillo, gris topo, verde manzana y coral. No sé cuánto tiempo pasó hasta que Diana vino a buscar ese pizarrón, creo que le pregunté si había otros, hablamos un poco y me contó sobre la dificultad de fijar la tiza y sobre las varias recetas que le había sugerido Elsita para solucionar este inconveniente.

Meses después, volví a ver la serie en la muestra Escuela en el Centro Cultural Recoleta. Y esta vez, frente a los pizarrones, me pregunté: ¿Existe verdaderamente una escuela argentina? De ser así, creo que la constelación que la constituye está originada por una red de vínculos privados y afectivos. Y los pizarrones vendrían a ser el tratado de ese pacto secreto de amor que constituimos con nuestras maestras y maestros. Parado ahí, frente a los pizarrones, recordé mí primer día de clase en lo de Diana. Ese día me dio el primero de los ejercicios que realicé: escribir mi nombre completo de arriba hacia abajo, en diagonal, en espiral, con la mano izquierda, con la derecha, en espejo, de abajo hacia arriba, gigante, diminuto, con todos los pinceles que tenía y con todos los colores que encontrara posibles. Pensé también en los que siguieron: copiar la imagen desde su ausencia, copiar el aire y no el objeto... Más tarde vino el ejercicio de hilar distintas situaciones con una línea continua como si el ojo zurciera cada objeto y cada persona que recorre. Hubo un día en que pinté el agua, el fuego, el aire y la tierra asignando una mancha para cada elemento, otro en que intenté reproducir sólo los bordes de una obra de Henri Matisse, aprendí a ver las manchas que conforman cada objeto desde dentro hacia fuera y perseguí la línea infinita hasta la fascinación.

De alguna manera los pizarrones de Diana dan cuenta de una genealogía, de una historia del arte argentino que nos incluye y nos excede. Los pizarrones son el origen de una escuela, la piedra basal, el centro magnético hacia donde dirigimos nuestras primeras miradas para entender el mundo. Creo que en esos pizarrones permanece algo del asombro de los alumnos de Spilimbergo y de los de Pettoruti, que en algunos de los restos de tiza de color está la voz de Pablo Suárez en los talleres de Barracas, la de Lucio Fontana en el taller Altamira, la de Tulio de Sagastizábal y la de Guillermo Kuitca.

Un tiempo después los pizarrones volvieron al taller. Era miércoles a la tarde y todavía había una luz de verano. Yo estaba pintando sobre una carpeta escolar y Diana le pasaba la “lista de colores” a una nueva alumna. Los pizarrones estaban cerca y con ellos me reconocí en casa.

Radar I Pagina/12 I Domingo, 11 de Enero de 2009

6 comentarios:

rafael cippolini dijo...

Me apunto en el fan club de ambos.
Muy linda nota, maestro.
Un abrazo.

Alejandro Martínez dijo...

Excelente material.

pinola dijo...

Rafael, que alegría que te haya gustado, muchas gracias! Abrazo grande

pinola dijo...

Gracias Alejandro, saludos

Gota dijo...

Hola Leo.
Hace unos días tuve un sueño donde eras parte de los personajes.
Eras tal cual, aunque más tranquilo, como si estuvieses del todo calmo. Estabas (aunque también se puede pensar que tenías) un local de arte en 6 e/53 y 54, a donde se espera el Norte 16, al lado del quisco (también podría especificar que si ves para arriba hay una ventana siempre abierta que mira hacia 54). También había una mujer que no se comportaba como una persona normal, y con esto no quiero decir nada. Bueno, yo pasaba por ahí, y como si nada entraba en el local. Éste era como si fuese una vidriera con vidrios negros, el lugar era como nublado y algo de luz natural y otro de violeta con un poco de blanco. Hablé con vos, y me comentaste varias cosas sobre el arte que ahora no recuerdo. Pero me gustaría recordar. Después con la chica, aunque tampoco recuerdo bien. Esto pasó en los últimos días del año 2008. En realidad tampoco importa tanto el sueño, pero te lo comentaba.
Bueno, nada, espero que sigas así. Sabé que me diste un montón para mí y para la vida. Sos un profesor genial.
Tino

contactanos!! dijo...

aaaaaaaaa, me habia perdido tu remera, esa es genial
padawan no podes ser mas dulce